Mi último trabajo de composición musical es la banda sonora original para el largometraje “Fragmentos de Brand”, del director Carlos Álvarez-Ossorio, un visionario de la creación audiovisual y escénica, colaborador desde hace más de diez años y amigo desde hace ya tanto que no me acuerdo.

La música esta basada principalmente en un cuarteto vocal y percusión, con intervenciones puntuales de instrumentos como el bansuri, el duduk o el gamelán. Como todos los trabajos que realizo con Carlos, este ha supuesto un nuevo reto: enfrentarme a una estética musical bastante alejada de mi estilo compositivo habitual, pero que me ha abierto un camino para comunicarme de manera diferente con la música, encontrar una relación diferente tanto con el proceso de composición en sí como con los materiales sonoros, texturas, tempos… y sobre todo para encontrar un nuevo espacio musical en el silencio. Toda una experiencia personal.

Toda la parte vocal está interpretada por el cuarteto vocal Opus Vocis, con quien grabaremos toda la música mañana sábado en la capilla de la Hermandad de Montserrat de Sevilla, un entorno acústico inmejorable para un cuarteto vocal.

Os adelanto un “breve” texto (es difícil ser breve cuando se habla de un proyecto tan personal y con tanta pasión como la que pone Carlos en todo lo que hace) en el que Carlos Álvarez-Ossorio cuenta el origen de “Fragmentos de Brand” y cómo se ha llevado a cabo todo el proceso creativo.

Pasado mañana os contaré cómo ha ido la grabación y me permitiré entretenerme un poco más en contar cómo ha sido mi proceso de trabajo en la composición de esta música tan diferente pero que se me ha agarrado tanto.


FRAGMENTOS DE BRAND

Fragmentos de Brand es un proyecto que nació primero como montaje teatral. No es una película basada en una obra de Henrik Ibsen, sino en una versión de esa obra realizada para la escena. Es una versión de una versión.

En 2008, la compañía Cámara Negra decide montar una versión en gallego, muy libre y personal, de Brand, un poema dramático de Henrik Ibsen inédito en España. Como en todo montaje de la compañía, la base del trabajo era la investigación, la improvisación (es decir, el juego teatral) y el compromiso.

El montaje teatral partía de una depuración del texto de Ibsen, condensando los diecisiete personajes originales (a los que habría que añadir los distintos coros y grupos de personajes secundarios) en tan sólo cinco. La acción también se depura al máximo, la trama se esencializa, y el texto se limpia y se vuelve más contemporáneo. En algunas ocasiones, la densidad del texto se mantiene, y es desmontada en la puesta en escena, a través de una mirada irónica por parte del trabajo actoral y de la propia puesta. A través de la acción escénica, el texto se rompe y se subvierte, creando en ocasiones sentidos completamente opuestos.

Este trabajo sobre el texto de Ibsen (más allá del resultado teatral concreto) llevó al equipo a la necesidad de continuar con el proceso de investigación fuera de las tablas. Esa necesidad se plasmó en un principio en una idea básica: realizar una grabación literal de la obra de teatro, a modo de documental. Pero al ir desenvolviendo esa idea, el proyecto fue creciendo hasta hacerse independiente. Al intentar convertir el rito teatral en lenguaje cinematográfico, comenzaron a surgir los primeros conflictos y tensiones, y fuimos siendo muy conscientes de las diferencias fundamentales de lenguaje entre el medio teatral y el audiovisual, lo que nos llevó por un nuevo camino.

Ya no estamos hablando, pues, de la adaptación cinematográfica de una obra de teatro, ni siquiera de un documental sobre esa misma obra, sino de trasladar un proceso de trabajo experimental de un lenguaje a otro, de un medio a otro. El resultado es radicalmente diferente (tanto en la narración como en la forma). No hay servilismo por parte del audiovisual hacia el origen teatral. Es en el proceso donde ambos proyectos se dan la mano.

De esta forma, se esencializan aún más las situaciones de la obra de teatro, reduciendo el texto al mínimo o incluso eliminándolo en muchas ocasiones, para después improvisar sobre esas situaciones con la cámara y los actores (que continúan siendo los mismos del montaje teatral), buscando su forma propiamente cinematográfica, alejándonos cada vez más de su origen teatral. La trama llega a convertirse en un pequeño cuento, que, tras su aparente simplicidad y sencillez, oculta multitud de significados y lecturas posibles. No hay un único mensaje oculto que deba ser descubierto, sino un universo al que el espectador es invitado. 

Nuestra idea ha sido aprender a mirar desde cero. Aprender a mirar a través de la cámara cinematográfica. No partíamos de una estética predeterminada, sino de una búsqueda: llegábamos a un espacio, formulábamos una situación (los actores conocían ya muy bien sus personajes), y dejábamos que transcurriera ante la cámara. Dejábamos sorprendernos por lo que pasaba, con una cierta mirada primitiva e ingenua. Durante un año, rodamos de esta forma, descartando muchísimo material, repitiendo los mismos planos de forma diferente una y otra vez, buscando el instante preciso. No el plano perfecto, sino aquél en que surgiese ese “algo” único.

El resultado es rudo, tosco (blanco y negro, cámara en mano, ausencia de iluminación artificial, decorados naturales, planos fijos largos…), en una búsqueda por dirigir la mirada más allá de la estética: hay una necesidad de rodar, de filmar, de mostrar lo que se muestra, no de buscar una forma perfecta. Lo feo, lo bruto, lo sucio, es algo que estaba ya presente en el montaje teatral, y que hemos querido conservar en la filmación. Nos gustaría pensar que la vida puede a la estética, nos gustaría que lo real (con todas sus imperfecciones) golpease la cámara y la desequilibrase,/(como el viento que azota muchos planos de la película).

Fragmentos de Brand es, pues, un proyecto que surge como un proceso de creación e investigación que comienza en el terreno de lo teatral y que se completa en el ámbito del audiovisual. Es ante todo el fruto de una necesidad vital de un grupo de personas que siente el arte como un lugar de encuentro y de experimentación, de compromiso, buscando siempre la esencia de cada medio, desechando lo superfluo y lo accesorio, generando preguntas (primero a nosotros mismos, y luego compartiéndolas con el espectador), antes que respondiéndolas. Y es en esa búsqueda de lo esencial donde nos adentramos en el cine con una mirada que pretende estar llena de ingenuidad y curiosidad, como si nunca antes hubiésemos visto una película, como si se tratase de un arte nuevo al que le queda todo por descubrir.